Te encuentras en la páginas de tudirectorio20, los resultados son los ultimos contenidos del blog. Este es un archivo temporal y puede no representar el contenido actual del mismo.

:: Alfombras de la Virgen de la Candelaria ::

Etiquetas: [Alfombras]  [Anécdotas]  [Celebraciones]  [Chiapas]  [Creencias]  [Cultura]  [Fiestas]  [Fotografías]  [Gente]  [Lugares]  [Religiones]  [Tradiciones]  [Tuxtla Chico]  [Virgen Candelaria]  
Fecha Publicación: 2014-08-23T10:33:00.001-05:00

Alfombras de la Virgen de la Candelaria (01)

Febrero 02, 2014. El comienzo de todo daba sus respiros por allá por los años 1700, cuando de España trajeron 3 imágenes de vírgenes y encallaron en Mazatán, Chiapas. Mazatán tomó la primera (la Virgen de la Concepción), la segunda fue enviada al volcán Tacaná por el lado Guatemalteco (la Virgen del Tránsito) y la tercera llegó a Tuxtla Chico (la Virgen de la Candelaria) jaladas por mulas desde Mazatán.

Alfombras de la Virgen de la Candelaria (03)

Alfombras de la Virgen de la Candelaria (04)

Alfombras de la Virgen de la Candelaria (06)

Dicta un mito que tiempo luego de llegar la Virgen de la Candelaria a Tuxtla Chico y habérsele colocado en su respectivo altar, se apareció en un lugar que localmente se conoce como “El pocito”, que es una pequeña vertiente de agua a orillas del río Izapa y que está en una prolongación de la calle Madero, en donde aparentemente lloraba al mismo tiempo que se refrescaba con el agua. De ahí el por qué de que la Virgen siempre sea colocada viendo hacia “El pocito”. Tiempo después, en 1857, la parroquia se construía por los Dominicos e iniciaban las primeras peregrinaciones.

Alfombras de la Virgen de la Candelaria (08)

Alfombras de la Virgen de la Candelaria (09)

En 1945 unas señoras de la congregación del Santísimo Sacramento desafían a las autoridades y a pesar de amenaza de encarcelamiento organizan la primera procesión fuera del templo. Desde ese momento, generación tras generación y año con año han realizado las procesiones, por lo que desde hace mucho alcanzó una magnitud popular.

Alfombras de la Virgen de la Candelaria (11)

Alfombras de la Virgen de la Candelaria (13)

Cerca de 1994 dos señoras realizan frente a sus casas la primera alfombra de aserrín para que pasara la Virgen de María Candelaria en su procesión; y a partir de ese momento, poco a poco fue creciendo la idea hasta convertirse en parte fundamental de dicha celebración en Tuxtla Chico y así permanecer hasta estos días, veinte años después.

Alfombras de la Virgen de la Candelaria (16)

Alfombras de la Virgen de la Candelaria (17)

A lo largo de todo este tiempo, la celebración de la Virgen de la Candelaria ha evolucionado en diversos aspectos a tal grado que ahora existen momentos y fechas específicas para llevar a cabo de manera correcta y solemne las festividades:

- El día 21 de enero se lleva a cabo la bendición de los vestidos de la Virgen y la colocación del velo por parte de las quinceañeras.
- El 22 de enero se reciben  a los peregrinos  de la Virgen del Tránsito de Tacaná y de la Virgen de Inmaculada Margarita Concepción de Mazatán y se hace el recorrido de las tres Vírgenes al “Pocito” acompañadas con candelas, velas, cánticos, cohetes y música.
- El 23 de enero es el anuncio del novenario e inicio de la feria tradicional.
- Desde el 24 de enero hasta el 01 de febrero se llevan a cabo peregrinaciones, misas y mañanitas.
El 02 de febrero es la solemne fiesta de Santa María de Candelaria, cuando a las 08:00 de la noche es la procesión por las principales calles (y alfombras) del pueblo con la imagen de la Virgen acompañada de las quinceañeras hasta regresar al templo (cerca de las 03:00 de la mañana) y celebrar misa.
El 03 de febrero es la última peregrinación misa por los difuntos.

Alfombras de la Virgen de la Candelaria (18)

Alfombras de la Virgen de la Candelaria (19)

Para el 02 de febrero del 2014, de todo lo anterior mencionado, apenas sabía que precisamente ese día es la puesta de las alfombras de aserrín; no conocía el trasfondo de todo esto; y aunque ahora tampoco puedo presumir de conocerlo, por lo menos ya me he dado a la tarea de buscar un poco para entender cómo se desarrolló esta tradición. Por lo que, una vez entendido de manera ligera la historia, prosigo a la descripción de la ocasión.

Alfombras de la Virgen de la Candelaria (20)

Alfombras de la Virgen de la Candelaria (21)

Eran las 03:00 de la tarde de ese domingo cuando Nahiely, el pequeño Dylan, Miguel, Lupita y yo llegamos a Tuxtla Chico; de primera mano se podía ver decenas de personas observando a otras decenas de personas que trabajaban en las alfombras: Algunos dando los toques intermedios, otros los finales, unos más simplemente cuidando el trabajo ya terminado, mientras que otros con la confianza de saber que aún tenían tiempo, se disponían a iniciar la proeza artística.

Alfombras de la Virgen de la Candelaria (24)

Alfombras de la Virgen de la Candelaria (25)

La elaboración de las alfombras, es pues, a base del esfuerzo de las manos y usando aserrín “coloreado” como agente principal para expresar los motivos y las formas en cada porción de la calle que cada encargado deberá adornar, algunos añaden flores, corozo, cascabillo, y demás elementos naturales que puedan sugerir para embellecer la alfombra; todo es válido cuando la intención se resume a brindar una alfombra elaborada con amor a la Virgen de la Candelaria.

Alfombras de la Virgen de la Candelaria (26)

Alfombras de la Virgen de la Candelaria (28)

También se pueden usar moldes de cartón y/o madera para realizar formas preestablecidas como las marquesinas, figuras de estrellas, floreros, o símbolos católicos; sin embargo, nada limita la imaginación de los fieles, quienes llevan a cabo diversos diseños de alfombras mezclando elementos como los colores, la repetición de dibujos, la religión, la temática, la cultura, y hasta el estilo propio de dibujo; parece que no hay límites, mientras sea con devoción y respeto para la ocasión, cualquier diseño es bien recibido.

Alfombras de la Virgen de la Candelaria (30)

Alfombras de la Virgen de la Candelaria (31)

No hay edad ni distinción social para esta celebración, los “grandes” enseñan a los “chicos” a mantener viva la identidad del pueblo mediante esta celebración (además de otras seguramente) y todos intervienen, todo mundo maquilla la calle para que pueda pasar la Virgen sobre ella y así solemnemente participar. El tiempo de la elaboración de una alfombra dependerá del tamaño, dificultad y número de participantes para elaborarla; pero siempre es un tiempo considerable; y una vez terminada, deberá esperar a que la Virgen pase encima para ser bendecida y perder su diseño original esparciéndose sobre la calle en montones de aserrín de colores (me recuerda un poco a la elaboración de los mándalas budistas en cuya elaboración los monjes tibetanos invierten muchísimo tiempo, para que al final sea desbaratado en una representación metafórica de lo efímero que es la vida).

Alfombras de la Virgen de la Candelaria (33)

£òçö²©gQ"Ö2=WtäÌ-47$<ºQÄLK@ËÌöx»3*ý¯õ²fëw1ßf!þõ©ÅåÔoop¥näèÉ-BóGhÇfo¿à[-k£lFÈÍ2Â8¬}kö½¼¹èÛÂd©õL»:,/ÃþË#9»5ÌÝy{_ýóh¶W¶ö³N=BóÕ"Bq»N(öÿk A#nmñËÅ°Ú1EÍæ-?X¿Ótý'¢:Ä+KhÊ&IÒ\N¿ÅÅ#Ç8ø¶»ÈV:£¡IåyÐÜYÀW9Á?(ù2'*;|8ËbÛÂ*¥[5»°QÅIÙ@ À`)ôdñ©ÂÅ~ij=/¢ÔïEßFÖÑ=9¹g²vÛ#.TÿÒùêóQÓ´

La elaboración de las alfombras tarda casi todo el día, hasta que llegan las 08:00 de la noche, cuando inicia la procesión de la Virgen acompañada de las quinceañeras hasta regresar al templo por ahí de las 03:00 de la mañana y proseguir con la celebración de misa.

Alfombras de la Virgen de la Candelaria (40)

Alfombras de la Virgen de la Candelaria (41)

No pudimos quedarnos por mucho más tiempo, pero pudimos ver que mientras la procesión se lleva a cabo, los fieles siguen a la Virgen por todas las calles donde habrá de pasar, deteniéndose en puntos estratégicos para ser venerada y adorada; y en los lugares a distancia de la procesión, se queman cohetones y se escucha la fiesta del pueblo para la Virgen, y la iglesia aguarda el regreso en la madrugada de su patrona para celebrarle su santa misa.

Alfombras de la Virgen de la Candelaria (44)

Alfombras de la Virgen de la Candelaria (45)

Alfombras de la Virgen de la Candelaria (48)

Y año con año, desde el 21 de enero hasta el 03 de febrero la tradición perdura, las alfombras se reinventan, la celebración se mantiene, la fiesta se comparte, y el amor por la Virgen de la Candelaria se hereda y se intensifica…

Alfombras de la Virgen de la Candelaria (52)

Con gusto, te comparto la galería:

:: Frente a la iglesia del Calvario de Zapotitlán ::

Etiquetas: [Arquitectura]  [Curiosidades]  [Fotografías]  [Interesante]  [Lugares]  [Paisajes]  [Puebla]  [Turismo]  [Viajes]  [Zapotitlán]  
Fecha Publicación: 2014-07-03T20:36:00.000-05:00


Lunes, 30 de Diciembre del 2013… Mis brazos frotaban un poco mi cuerpo, el viento susurraba con decibeles medio curiosos a medida que la noche se hacía más evidente… Y no pasaba ningún autobús aún para regresar a casa. De repente, los encargados del Paleoparque aparecieron en un vehículo dirigiéndose a Zapotitlán y me comentaron que acababan de cerrar y ya se iban a descansar. Amablemente me invitaron a subir y una vez dentro y con menos frío, entre la plática que describía el porqué de mi presencia por estos rumbos, les comenté sobre mi curiosidad por conocer la Iglesia del Calvario de Zapotitlán y se ofrecieron a llevarme hasta allá. Era ya algo tarde como para especular que estuviera abierta, aún así no era demasiado tarde como para intentarlo. Acepté con mucho gusto el aventón.


La particularidad de esta iglesia recae en que yendo por carretera, se ve que está encima de un pequeño cerro, lo cual le hace ver solitaria y luciente entre todo el paisaje de relieves de cactáceas; de noche no se aprecia tanto ya, pero no fue motivo de zozobra y con la mejor cortesía que pudiera merecer me dejaron prácticamente en la entrada del atrio de la iglesia. Me despidieron amablemente, y caminé entre apenas alumbrado por la luz de un poste y el último rastro del Sol.


En efecto, cuando por fin me acerqué lo suficiente, vi que salía el encargado de la iglesia y al divisarme me indicó que ya era hora de cerrar, pero que si yo lo deseaba me podría permitir entrar a visitarla. No quise importunarlo mucho y preferí estar afuera, observándola, mientras un poco de silencio abrigaba la escena.


Desconozco mucho sobre esta iglesia, apenas si la pude ver claramente estando por primera vez cerca de ella, pero me causó gusto por lo menos lograr eso; sé que volveré y podré conocer todo ese esplendor que por ahora no fue posible por lo apretado el itinerario emergente que en la marcha fue surgiendo. Di la vuelta y me alejé de la iglesia hasta llegar a la carretera federal, esperé el autobús con rumbo a Huajuapan y lo tomé para llegar a casa y finalizar este día lleno de increíbles sorpresas. 


El día siguiente sería el último del año, un día muy difícil para viajar siendo dependiente del transporte público, por lo que estaría en casa finalizando el 2013 con un buen sabor de boca.

:: En el Paleoparque ::

Etiquetas: [Anécdotas]  [Aventuras]  [Curiosidades]  [Fotografías]  [Interesante]  [Lugares]  [Paisajes]  [Paleontología]  [Parques]  [Puebla]  [Recomendados]  [Reflexiones]  [Turismo]  [Viajes]  [Zapotitlán]  
Fecha Publicación: 2014-06-28T23:28:00.002-05:00


Lunes, 30 de Diciembre del 2013… Sí, el día aún tenía sorpresas. Justo acababa de dejar atrás el paseo a las cuevas cuando emprendí el regreso a la entrada principal del Paleoparque. Era momento de hacer un recorrido mental por aquellas épocas prehistóricas en que estas tierras blanquizcas sirvieron como libro para documentar la existencia de aquellos seres. El primer punto de todo el recorrido es la parada a la exposición de fósiles que se han encontrado en la zona; no era del todo extraño pensar que hubiera tal museo de sitio, crecí con el conocimiento que todo por ahí, entre Oaxaca y Puebla, era normal hace algunos años y en algunos pueblos hallar fósiles de estrellas de mar y de caracoles. Ahora dicha actividad es bastante difícil, pues casi no queda mucho, el saqueo por la cotidianidad de toparse con dichas piezas ha hecho que a lo largo de los años mermara tal atractivo.







No obstante, la labor de estas personas en su mayoría por mero amor a la conservación de dichas piezas y la intención de mostrarnos un poco de la historia natural de estos suelos (porque hasta donde tengo entendido es una labor de un equipo conformado por amigos que trabajan en sus tiempos disponibles sin recibir apoyo significativo por parte de las instituciones gubernamentales pertinentes) se ha convertido en un gran atractivo del lugar, pero eso sí, aún con difusión en menor medida.






La “habitación prehistórica” –como le nombré ya que no encuentro otro adjetivo- posee fósiles de diversos tipos y de diversos animales; a primera vista identifiqué “cosas conocidas” como conchas, caracoles y hojas; pero ya con la explicación correcta por parte del(a) guía me di cuenta que poseen nombres diferentes entre sí por muy similares que puedan parecer algunos elementos. Vaya trabajo que ha de ser el clasificar a estos fósiles cuando para mi ojo común apenas se perciben sus rasgos y muchos son a simple vista del mismo tipo y época. Entre nombres que ya se me olvidaron y periodos en que vivieron (que ya no puedo relacionar por mi poca familiarizada cultura en el asunto) resulta que todo confirma la sospecha de muchos de nosotros: Aquí hace millones de años fue mar, y posteriormente otros ecosistemas, y los fósiles están aquí para orientarnos.






Caracoles y caracolas de varios tipos, conchas, trozos de madera, hojas de alguna planta marina, huesos incrustados en piedra, huellas de mamíferos, esqueletos, minerales antiquísimos, y muchos rastros más son apenas un ejemplo de lo que se ha recolectado y se tiene aquí en esta habitación, grabados en fósiles que desde apenas a unos cuantos metros de distancia no parecerían más que rocas. También hay ejemplos homólogos un poco más actuales que sirven para hacer el comparativo y apreciar la diferencia a través del tiempo.






Luego de estar en la habitación, recorrimos el Paleoparque. La caminata pertenece al estilo propio que se hace por Chazumba, admirando paisajes similares y vegetación bastante en común; la diferencia radica en que ya está tu mente acondicionada para verlo todo desde una perspectiva paleontológica, y aunque sigues careciendo del conocimiento de periodos y especies, sientes un extraño anhelo por imaginar cómo habrían sido en aquella época todos estos lugares que alguna vez fueron mar o pantano, y que ahora visten de una aridez entrañable.






Lo magnífico es que te van explicando, y señalando, y contando historias de lo que pudo haber ocurrido en el mismo suelo que ahora pisas pero hace millones de años. Y se han dado el tiempo para colocar en cada punto de interés, un elemento visual que alimente el recorrido para que te des una idea de cómo han cambiado las cosas, sobre todo cuando te topas con esa placa -si mal no recuerdo- de ónix y que tiene sellada una gran cantidad de fósiles de los ancestros de lo que ahora conoceríamos como una especie de “caracoles de río”.






La ayuda visual es gratificante, bien lograda, descriptiva en un grado que es bastante entendible, inclusive te marcan algunos puntos reales donde se han encontrado tales o cuales piezas; lo que amerita admitir la sorpresa porque terminas imaginando cómo pasó. Y entonces vienes a darte cuenta que la cantidad potencial de fósiles aún ocultos no ha sido hallada por completo, y que, como bien dicen, falta mucho por explorar aún. Pero camina, que el ocaso ya viene y es hermoso contemplar insectos gigantes en escala real de hace millones de años en medio del paisaje cuyo relieve toma formas extrañas que se iluminan suavemente con el Sol…






Independientemente de saber que muchas de la vegetación actual es considerada como fósiles vivientes, es sorprendente saber que algunas variedades de dinosaurios y mamíferos gigantes en realidad caminaron por aquí, uno no se lo esperaría de buenas a primeras… Pero es verdad; y eso lo hace todavía más increíble.






El recorrido terminó con el tiempo suficiente de ver el ocaso, ese ocaso que seguramente alguna vez ellos vieron; y me quedé pensando, porque si algo logra hacer este Paleoparque es hacerte pensar, a menos que no aprecies mucho la gran magia prehistórica en la que te ha envuelto este lugar y no te des cuenta del significado del suelo que estás pisando…






Me despedí y regresé caminando a la carretera, la iluminación cada vez era menos, seguramente era ya tiempo de regresar a casa pues la noche ya se dejaba sentir y el frío gradualmente se hacía más notorio; el día había sido aprovechado satisfactoriamente, sin embargo, ignoraba que aún faltaba un último lugar por visitar…


Con gusto, te comparto la galería:

:: Las cuevas de ónix del Paleoparque ::

Etiquetas: [Arqueología]  [Arquitectura]  [Aventuras]  [Canteras]  [Cuevas]  [Curiosidades]  [Fotografías]  [Interesante]  [Lugares]  [Paisajes]  [Parques]  [Puebla]  [Recomendados]  [Turismo]  [Viajes]  [Zapotitlán]  
Fecha Publicación: 2014-06-09T18:21:00.001-05:00



Lunes, 30 de Diciembre del 2013… Pedí parada en Las Ventas (entre San Antonio Texcala y Zapotitlán) porque minutos antes de bajarme del autobús había recordado las menciones sobre “El Paleoparque” que se encuentra en este lugar, inclusive había visto ya con días de anticipación el letrero a orilla de carretera (cuando fuimos a Tehuacán) por lo que sabía que debía bajarme aquí y encontrarme con el Paleoparque.





Vi cómo se alejaba el autobús y quedé en frente al pueblo y bajo la sombra de una ermita; era raro no tener a mi alrededor a alguien a quién preguntarle qué rumbo tomar pero no podía hacer más que optar por cruzar la carretera y seguir el señalamiento que indica ir hacia la derecha para llegar al Paleoparque. Luego de caminar un poco llegué a la parte más alta del pequeño cerro local, y cuando me percaté de que no era el camino correcto el que había tomado regresé a las cercanías del letreo y tomé el otro camino que también conducía a la derecha; una señora y un niño me indicaron con señalamientos el camino correcto hacia el parque, no caminé ni diez minutos cuando ya tenía en mi vista la entrada.






Pensaba yo que en el lugar se concentraba sólo el Paleoparque, pero me explicaron que también realizan recorridos a las cuevas de ónix del lugar (ya mucho después me entero que también hacen recorridos a la zona de las cactáceas y a las salinas, imagino que no me lo comentaron porque ya era un poco tarde como para hacer tales caminatas) así que opté por tomar ambos recorridos y aventurarme hacia estos atractivos. El primero de ellos: Las cuevas de ónix…






Caminé con el guía hasta adentrarnos menos de medio kilómetro a una zona apartada de toda mancha urbana, en donde todo se resumía al verde de las cactáceas y al rojizo de la tierra en donde crecían o donde nuestros pies andaban; no había más sonido que el aventurado viento de la tarde y de vez en cuando un pajarillo cantando en algún punto fuera de mi vista mientras nos acercábamos a una parte donde el color arcilla cubría la mayor parte de la escenografía, era ahí donde hallaríamos la primera cueva.






Se me vino a la mente las imágenes de haber estado hace unas horas en San Antonio Texcala, las proximidades a la cueva tenían similar aspecto; pero aquí, ya carentes de trabajadores, de máquinas de minería y bajo el manto amarillo del cercano ocaso, se tomaba un contexto prehistórico que ayudaba mucho a trasladarse mentalmente a aquellos ayeres. Las cuevas de ónix no son más que antiguas y encantadoras canteras que ya han caído en el desuso debido a que ya se les ha extraído lo que se podía obtener, dejando finalmente estériles pero magníficas grutas, cuevas, pasadizos y rastros de aquellas actividades en donde seguramente estas zonas estaban llenas de sonidos y de pintorescas escenas de antaño. Dentro de todo lo negativo que las actividades de obtención de materia prima pudieran ocasionar, se agradece el que hayan pulido estas “cuevas” dejando intacto parte de la formación natural que dieron origen a estas canteras.






En la entrada de la primera cueva se aprecia la emanación de agua mineralizada que hasta el día de hoy forma vetas coloridas en la superficie del suelo por donde se va escurriendo; esta agua bien puede ser la fuente de las formaciones minerales de ónix y mármol en esta vieja cantera algún día fueron extraídas. Aún quedan rastros de pequeños yacimientos en donde se distinguen zonas petrificadas de aspecto espumoso y cremoso que por impensadas circunstancias ya no fueron desprendidas de las entrañas del cerro para convertirse en alguna pieza ornamental.






Atada a las texturas, al silencio, a los colores arcillosos y al fango creciente a orillas de los cuerpos interiores de agua, está la perpetua oscuridad de la cueva, una oscuridad que jamás ha conocido la invasión completa de la luz del día y que probablemente lo más cercano que ha conocido a la luz ha sido el conjunto de artefactos que se emplean para poder recorrer el interior de esa parte del cerro; tal como el guía me comentó: Siendo una propiedad privada, no se le ha visto como un potencial en el que se le deba invertir infraestructura para llevar la iluminación permanente por los caminos interiores y adecuar senderos por los cuales recorrer y admirar en su mayoría la belleza de las cuevas. Sin embargo, quizá el que carezca de tal inversión alimenta a que se conserven tal como se dejó hace años: Con ese encanto peculiar dentro de las penumbras y su aún intacta estructura desde que dejaron de funcionar como canteras.






Ayudados por las luces de unas lámparas de mano, dimos marcha hacia el interior para enfrentarnos al manto oscuro y para apenas distinguir lo que hay ahí dentro en un empeño aventurero por conocer qué se encierra más allá. Enfrentándonos a la ausencia de luz, pudimos ver parte de la apariencia de las paredes internas, descubriendo vetas blanquizcas brillosas y ranuras de aspecto congelado, como si fueran trozos de hielo que proveen de esa temperatura fresca que se disfruta bajo los techos de diversas alturas y que guardan diversas formas y colores en cada parte que se les alumbra. Todo ello, sumado a las caprichosas y petrificadas caídas del agua que han grabado su paso a lo largo del tiempo en esos fuertes muros rasgados, hace que la primera cueva te deje sorprendido.







La segunda cueva no dista mucho de la primera, apenas se convierte en una caminata de algunos minutos después de dejarla para adentrarse a un paisaje virgen y, antes de toparse con su entrada, darse cuenta que en efecto es mucho más atractiva que la primera y que en esta se invertirá más tiempo en recorrerla, porque a simple vista se nota que es más grande y con muchas más columnas en su interior.






Es un escenario de ensueño aquel que abriga a un manto de agua que surge del interior de la cueva y que es vigilado por una boca irregular de aspecto de terracota, con esas raspaduras que dejan entre vistas la piel de tiempo, rojiza, albina en pequeñas áreas, y pedregosa casi en su totalidad. Poco a poco nuevamente la sombra invade el andar, y el eco, mucho más notorio que antes, repite nuestras pisadas y nuestros murmullos de admiración. Adéntrate, no temas, que en medio de esa oscuridad y ese sonido curioso que viene quién sabe de dónde hay una luz oscura, calmada, que acompaña a tus pies, te previene de las partes resbaladizas y te estimula a detenerte para que los ojos se acostumbren y puedas contemplar tanto el interior inconmensurable como el exterior que hace poco te ha dado la bienvenida…








Las pisadas eran cautelosas, sea por evitar caída, o por respeto al recinto que también algún día fue cantera. Quedamos en la total oscuridad, la luz del exterior simplemente ya no llegaba, y encendimos las lámparas para procurar prudencia en nuestro recorrido. Al levantar la dirección de las lámparas y activar el flash de la cámara, nos encontramos dentro de un gran depredador de piedra, y nos sentimos como Jonás en medio de un ser mucho más inmenso que nosotros mismos. Era una tétrica imagen de algo delicado, de un trabajo sublime que fue moldeado durante décadas, y cada que avanzábamos las paredes parecían cerrarse a nuestro frente… Y de repente, al virar cerca de una protuberancia, el camino se abría nuevamente pero ahora sostenido por columnas roídas por máquinas del hombre; columnas heridas, rasgadas, productos del deterioro a conciencia y curiosamente buscándoles un propósito de brindar seguridad. Lo hacían aunque de manera tenebrosa, pero al mismo tiempo te demostraban ser fuertes e indispensables, que de no ser por ellas, esto habría sido sepultado ya tiempo atrás.








Y el silencio rugía a nuestro alrededor, y el eco tímido apenas si pronunciaba sonido, estaba temeroso como yo pero aturdido de la suntuosidad estructural de los pilares (altos fuertes y junto con el techo, hogares de una variedad de murciélago que habita en esta región y en estos aposentos) que con mucho trabajo podían ser admirados completamente a pesar de resaltar sobremanera dentro del vacío que la oscuridad dibujaba a lo lejos, o a lo cerca, quién sabe; pues por momentos se pierde la conexión con el sentido del espacio, y no queda más que andar para encontrar alguna estela de luz que pudiera filtrarse por algún conducto dentro de esta enorme cueva.








Un sonido llamó la atención de repente, el característico e inconfundible brote de agua ¿Dónde? ¿Cómo? Y en el rincón apareció el yacimiento que mediante una manguera transportaba agua al exterior… quién sabe a dónde y para qué. Y el paso se cerró, no había más hacia el frente que el propio manantial, por lo que tuvimos que girar la caminata y seguir por donde habíamos venido, pero desviándonos en algunos puntos para conocer también algunas arterias que componen este gigantesco hormiguero. Seguía siendo un paisaje lúgubre, respetable pero entrañable, lleno de columnas, piedras salientes horizontales que no habíamos visto antes pero que siempre estuvieron ahí sosteniendo nuestra aventura, además de pequeños brazos de agua y goteras por doquier así como centenas de vetas brillosas y coloridas en las paredes por toda la extensión de la cueva.








Afortunadamente, a manera de recompensa, apareció una luz filtrada en un boquete que probablemente fue abierto como salida de emergencia; y eso calmó la situación, y luego de calmarla, la embelecó con esa bella y sutil manera que tiene la luz de entrar suavemente y al mismo tiempo fuerte. Había varios boquetes, y de repente todo se convirtió en un escenario de texturas, penumbras y luces entrantes de arriba y de los lados. 









Y las columnas no fueron más inspiración mínima de miedo, si no de magia convertida en cueva, y el retorno se hizo más ameno pese a los rocosos obstáculos a vencer y pese a la pequeña sensación de claustrofobia en algunos pasadizos estrechos; y así, saliendo de la cueva, paso a paso, se aprendía un nuevo concepto de belleza: una variedad oculta y cuidada por la oscuridad y el silencio y maquillada en menor proporción por la luz de día que se abría paso con dificultades.








Cuando dejamos el recorrido de las dos cuevas, me quedé atónito por haber realizado tal recorrido… Regresamos a la entrada principal del Paleoparque para emprender lo que sería otra gran aventura…



Con gusto, te comparto la galería:

:: Hacia la cueva de Doña Bernarda ::

Etiquetas: [Arquitectura]  [Culturas]  [Curiosidades]  [Fotografías]  [Gente]  [Interesante]  [Lugares]  [Paisajes]  [Puebla]  [San Antonio Texcala]  [Turismo]  [Viajes]  
Fecha Publicación: 2014-05-19T23:38:00.000-05:00



Lunes, 30 de diciembre del 2013… Al salir de la cantera de ónix continué mi camino rumbo al interior del pueblo, pasando por la entrada carretera que ya localmente se le conoce como corredor artesanal de San Antonio Texcala, pues es en donde mayormente se encuentran establecidos los talleres y las tiendas de artesanías del lugar.





El calor se dejaba caer en las últimas intenciones de despedir el año, diversos tradicionales muñecos de año viejo habían sido ya colocados con pocos días de antelación como insinuación al ciclo que concluía y al que había de iniciar; mis pasos eran firmes y seguros, pues gracias a los letreros y a la orientación de las personas a las que pregunté (básicamente comerciantes de ónix) pude darme cuenta que San Antonio Texcala aún seguía resguardando sitios de interés.




Entre referencias a templos e iglesias, parajes, talleres, reservas de la biósfera y manantiales; se encuentran las que te describen cuevas que han servido o sirvieron como viviendas hace varios años, tal es el caso (entre muchos ejemplos) de la Cueva de Doña Bernarda, cuya existencia para nosotros los fuereños se esconde tras la tradicional difusión oral del pueblo que amablemente te indica por dónde ir si es que quieres visitarla.





No me tomó mucho tiempo dar con el lugar, tan sólo subí una calle inclinada y pude hallar el sitio, pero no estaba abierto; pregunté con la dueña de la casa que yace en la parte superior de la cueva, y aunque me mandó a otra casa para solicitar acceso, no pude hallar a Doña Rosa (quien posee la llave que abre las puertas para poder entrar y conocer la cueva); así que mi apreciación fue puramente desde afuera pero me bastó para confirmar que efectivamente cuando te dicen “cueva” no es simplemente en sentido figurado, si no que en realidad se trata de una cueva que antes servía como vivienda. Y aunque sí tenía síntomas de estar un poco descuidada, eso no aminoraba ni una pizca mi curiosidad.






Al parecer es común encontrar este tipo de rastros por las zonas donde abundan las canteras y los cerros con estructura firme y sólida capaces de proporcionar seguridad a quienes tienen el coraje de habitarles y adecuarles como una casa; no parece algo extraño una vez que recuerdas que en otras partes del país, inclusive, aún hay personas cuya casa está en el interior de una cueva. Es algo sorprendente, y aunque en esta ocasión no pude conocerle por dentro, estoy seguro que para la próxima vez podré hacerlo y conocer aún más de la historia que encierra este atractivo local porque sinceramente, me quedaron muchísimas preguntas en la mente.





Era tiempo de seguir, aminoré la sed con una botella de agua y me encaminé a una parada de autobuses a orilla de carretera a esperar alguno que me llevara camino de regreso, el día aún gozaba de muy buena luz para caminar y para detenerme en algún punto de interés que pudiera encontrar. Para mi gran fortuna, tomé un autobús de manera inmediata y no pasó ni veinte minutos cuando pedí parada y bajé emocionado en un lugar llamado Las Ventas...



Con gusto, te comparto la galería:

:: En la cantera de ónix ::

Etiquetas: [Anécdotas]  [Artesanías]  [Aventuras]  [Creatividad]  [Fotografías]  [Gente]  [Interesante]  [Lugares]  [Paisajes]  [Puebla]  [Recomendados]  [San Antonio Texcala]  [Turismo]  [Viajes]  
Fecha Publicación: 2014-04-30T23:30:00.000-05:00



Lunes, 30 de diciembre del 2013 …Cuando regresé al punto de bifurcación del andador, retomé el camino hacia la derecha: Rumbo a esa descomunal serie rosada de cortadas en el cerro que moldeaban por aquí y por allá granos mastodónticos, columnas, cuevas y pasadizos cortos que daban la impresión de cobijar algún prehistórico lecho cavernícola. Pero nada más lejos de la realidad que eso, pues cada vez se entendía -por los cortes y sus rastros perfectamente planeados- que se trataba de algo realizado a conciencia humana. 





Ascendí poco a poco, rodeando el cerro, la cantera, por doquier había rastros del trabajo que se realiza aquí; uno se emociona observando trozos brutos de ónix emergiendo de la superficie, de las paredes; pero cuando se antoja levantar piedritas para observarlas, nada mejor que apreciar esas que por montones se encuentran bañadas en las aguas del riachuelo que ha dibujado su constante caudal descendiente quizá de la propia la cima de la cantera. Según iba avanzando y observando todo alrededor, relacionaba la vista con lo que hacía un poco más de una hora me habían contado los trabajadores que me hicieron el honor de ser unos espléndidos anfitriones.





La cantera no se ha hecho de la noche a la mañana, miles toneladas de piedra y sarro (una roca “suave” que generalmente cubre al ónix) han sido apartadas durante muchas décadas (quizá aproximadamente un siglo) para esculpir esta monumental pieza y obtener de ella el ónix, que puede variar en su tonalidad de color según los minerales de los que esté compuesto. Además de ello, el sabio tiempo ha formulado paisajes que ahora han quedado alrededor de dicha cantera, dejando atrás a aquellos que probablemente estaban antes que la cantera fuera tal, por efecto de su expansión y pulido.
 



Las formas variaban según el ángulo de la perspectiva, un par de aberturas semicirculares que parecían ojos siempre abiertos vigilaban desde lo alto al camino, apenas un par de siluetas descansando se veían lejos de su ángulo de visión, quizás por eso se habían colocado ahí, para no ser parte del atestiguamiento del rostro con ojos y sin boca de piedra. En medida que recorría y me detenía en el camino, recordaba lo que hace unas horas me habían platicado los tres trabajadores, y lo conjugaba con lo que veía, para así tener un mejor entendimiento sobre el lugar a medida que iba avanzando...





En primer lugar, la cantera busca la obtención de la piedra semipreciosa conocida como ónix; así que al realizar el proceso de obtención de este mineral se topan también con otros tipos de minerales que no representan interés como materia prima, la mayoría son como piedras suaves con tonos grises como el cemento, a estas denominan sarro, y es común que por cada veta de ónix o mármol también se desprendan varias más de sarro y se destinen a ser apartadas ya que podrían tener otro tipo de utilidades al ser procesadas posteriormente.
 



En segundo, hay ónix por muchas partes de la región, y de diversos colores: Café, Blanco, Rosado, Verde, Amarillo. El común en San Antonio Texcala reside en ser de las variantes desde el tono blanco al café y pocas cantidades en rosado y amarillo. En los pueblos aledaños, como Zapotitlán, se sabe que también hay ónix verde; pero actualmente no hay cantera en actividad; podría ser que tal vez ya no hay la infraestructura para mantenerla o quizá se evite perjudicar las áreas de los cerros que están consideradas como patrimonio y reserva de la biosfera. También en Las Ventas hay ónix, pero de igual forma, parece que hace muchos años era actividad común la extracción de las vetas, pero ahora ha disminuido a tal grado de hacer que dicho pueblo en ciertas ocasiones se considere como pueblo fantasma debido a su población tan menor y a su casi nulo avance a lo largo de estos años.




En tercero, el método empleado desde los inicios, para la obtención del ónix, y que es responsable de esculpir estas formas tan grotescas y encantadoras de la cantera, es la dinamita. La dinamita, “el cuete” —como suelen decir también—, ha sido la manera de hacer las cosas, inclusive a pesar de contar ya con grandes máquinas de extracción y de transporte, que siendo enormes, toscas y modernas, simplemente no pueden romper el suelo o perforarlo profundamente para obtener ónix. Es por ello que la dinamita ha sido la pieza clave para obtener la materia prima, aunque tampoco es cuestión de colocarla y ya. Debe perforarse el yacimiento mediante un marro y un cincel de (digamos) unos 80 cm; y solamente al alcanzar la profundidad necesaria es que ya puede colocarse la dinamita. Tan sólo el proceso del martilleo al cincel, su lubricación mediante agua y polvo (producido por el acto mismo de martillar y perforar la piedra) y su lavado, llevará varias horas antes de determinar que el orificio está listo para colocársele la dinamita; y una vez hecho esto, multiplicarlo por las veces que se requiera hacer según los puntos necesarios para una explosión múltiple y en sincronía si es requerida, sobre todo para desprender gigantescas piedras de un solo golpe.





Cuarto, una vez que la materia prima ha sido desprendida, se coloca en los camiones que les llevarán a los talleres, para que ahí empiecen a darles formas específicas que pueden variar en tamaño, formas, textura, composición, y obvio, en precio para el cliente (quien pocas veces conoce todo el proceso inmerso para que pueda tomar del aparador una pieza y posiblemente adquirirla a un precio que probablemente querrá ver disminuido). 





Y quinto, la mayoría de las canteras, tienen en alguna parte, terrazas compuestas por planchas en donde se coloca agua natural con sales minerales que emergen desde las entrañas de la cantera, o mejor dicho, del sitio en donde se ha erguido la cantera. Este dato se me hacía muy curioso, porque en Zapotitlán salinas también se puede apreciar, a orilla de carretera, un sistema de terrazas que usan para evaporar agua salada y así obtener sal comercial ya sea en “arena” o en “piedra” (En el 2004 me adentré a conocer un poco más esta propiedad privada, pude ver de cerca las planchas, los depósitos de sal, la gruta de donde sale el agua fría y salada, el sistema de extracción mediante mangueras, la extensión de las terrazas y las bodegas llenas de “arena blanca y salada” con miles de piedras también “blancas y saladas”). La cantera de ónix de San Antonio Texcala tiene sus terrazas en la cara norte, se puede apreciar una vez que se ha subido un par de niveles en el camino y se desvela su extensión de tamaño mediano.




Me explicaban que no es casualidad que en un mismo sitio se pueda observar un área de extracción de ónix y cerca a ésta, una dedicada al proceso de evaporación del agua mineral para la obtención de sal. Esto se debe a que el ónix se forma a partir del agua mineral que surge de los yacimientos del subsuelo. Entonces, mientras el agua mezclada con sales minerales se filtra por diversas capas subterráneas durante cientos o miles de años, va formando gracias a las reacciones químicas y geológicas, vetas de ónix, mármol, y otros minerales según las condiciones que se vayan dando a los largo de muchísimo tiempo. Y como en algunos casos el agua aún sigue produciéndose, entonces a este tiempo se cuenta con ambos elementos: El agua mineralizada que emerge del subsuelo, y las enormes capas de minerales que dicha agua ha formado en su filtración.




A base de un esfuerzo mediano, me iba acerando al área activa de la cantera, aparecían enormes montículos de piedra ya lista para ser transportada. Cuando por fin llegué a la parte activa de la cantera, me encontré con mis anfitriones trabajando: Uno de ellos martillaba mientras el otro sujetaba el cincel (y el tercero descansaba a la sombra de una enorme pared); entré al enorme hueco que se había formado ya por el trabajo, y de pronto observé cómo hacia todos los lugares a donde veía se encontraban grandes rasgueos sobre la superficie, grietas, escombros; sin embargo, la vista hacia arriba ocupaba la más grande atención: Había por lo menos a unos diez metros de distancia, una de las aproximadamente cuatro columnas formadas gracias a las explosiones de la dinamita, dichas columnas soportan bastante volumen del cuerpo de la cantera, y permitiendo ver al cielo, se hallaban entre ellas espacios abiertos como grande boquetes del cerro. Estas columnas fueron creadas por medio de la explotación en busca el ónix al igual que los boquetes, sin embargo, los boquetes no eran ni más pequeños ni más grandes debido a que habían alcanzado ya el tamaño ideal, que es determinado al no encontrar más ónix (y aunque algunas columnas pudieran tener algunas vetas de ónix en su interior, por obvias razones de seguridad se abstuvieron de sacárselas para evitar derrumbes y accidentes). 





Las zonas en donde se hallaba el ónix eran evidentes, de entre las paredes de sarro y la piedra del tipo caliza se destacaban las vetas características de dicho mineral con sus particulares tonos blanco y café brilloso. Me permitieron subir a la parte alta en el interior de los boquetes, y pude apreciar con mayor detalle la estructura que se ha formado a lo largo de los años, además del paisaje que desde ahí se divisa; fue sin duda alguna la parte más atractiva de visitar toda la cantera. Estar ahí metido proporciona una sensación de asombro y a la vez de algo de temor, pero me aseguraron que esa parte es estable, que el único riesgo que se tenía era fallar en colocar el pie al subir o al bajar ya que eso muy probablemente terminaría en una caída sobre las paredes y el montón de piedras de abajo. Así que tuve que tener todo el tiempo los pies bien plantados y moverme con cautela.






Cuando bajé del escenario me encontré a (creo) el patrón de la cantera, amablemente me empezó a confirmar lo que los trabajadores me habían dicho ya con anterioridad, y al saludo amable acompañado de una base plástica de botella de refresco semi llena de pulque, charlamos y contamos algunas anécdotas de Chiapas (porque anduvo hace algunos años por el estado) y Oaxaca. Yo no había desayunado sustancialmente, así que me la llevé muy relajado bebiendo pulque porque si se bebe sin prudencia, uno puede terminar mareado y con el rostro rosado (Pega más si ya está medio fermentado, así que “agüas”); y eso es algo que no buscaba precisamente.







Fueron muy amables hasta el momento en que me terminé la segunda servida de pulque y cortésmente me abstuve de beber más, con el pretexto de tener el tiempo encima apenas para continuar mi recorrido (que si bien era verdad, yo procuraba tener mucha precaución con la bebida, porque a diferencia de ellos, aún no agarro “callo”). Me despedí por fin y ellos volvieron al trabajo, cerca de media hora la invertimos en platicar pero era momento de seguir nuestras actividades.







Di las últimas miradas a la cantera y fui despedido con un trato tan grato que ya siento la necesidad de regresar; y en cierto modo, ellos se encargaron de aclararme que cuando guste soy bienvenido; un gesto admirable y digno de contarse, ni más ni menos.






 
Y  me retiré poco a poco, dejando atrás (por el momento) uno de los lugares más impresionantes con los que me he topado; Si alguno de ustedes se encuentra en las circunstancias de ir por allá, procuren visitar la cantera, y tener una perspectiva un poco más amplia de lo que se encierra en el brillo de esas piezas traslúcidas de San Antonio Texcala, Puebla.



Con gusto, les comparto la galería:

:: Rumbo al manantial de la cantera de ónix ::

Etiquetas: [Anécdotas]  [Fotografías]  [Lugares]  [Paisajes]  [Puebla]  [Ríos]  [San Antonio Texcala]  [Turismo]  [Viajes]  
Fecha Publicación: 2014-03-28T21:58:00.000-06:00



Lunes, 30 de diciembre, 2013. La gripe hizo que tardara un poco en decidirme, me desperté temprano pero dentro del malestar la indecisión gobernaba; hasta que sin analizarlo tanto me subí al auto aprovechando que irían a Tehuacán, mi itinerario armado de manera express estaba dentro de esa ruta. El pasear por la carretera me mostró muchos puntos idóneos para conocer, desde aquellos pequeños pueblos que distan a unos cuantos metros de la orilla de la carretera y no se extienden tanto hacia el lado opuesto debido a su área pequeña, hasta algunos desfiladeros lejanos que despertaban la curiosidad por verles de cerca; pero dentro de todas esas ilusiones ya había armado una especie de escalas para el día, era cosa de esperar por el punto pensado para bajar del auto, despedirme, y anticipar el regreso a casa hasta que la noche me lo sugiriera.






 
Después de varios minutos en carretera, pasamos de largo a San Antonio Texcala, y ya cerca de las últimas tiendas que se encuentran después de una inclinación ascendente, me bajé y despedí al auto; vi cómo se alejaba poco a poco y luego de dibujar una curva, desapareció detrás de un cerro. “Bien, ya es hora, tengo todo un día para ver qué conozco, no llevo agua ni tengo señal celular pero tampoco estoy en medio de la nada...”






Caminé en sentido contrario por la carretera, dirigiéndome a San Antonio Texcala, pues a pesar de conocer una minúscula parte de este hermoso lugar sabía que tenía mucho más para mostrarme. Pude alcanzar a ver al acercarme poco a poco la estructura enorme de terreno que ha nacido de poco a poco romperlo, era ni más ni menos que la cantera de ónix. El paso era lento, el sol un poco quemante, la sed gradualmente intensa, y el pavimento duro como para soportar caminar siempre encima de él; opté por caminar en las orillas, esquivando hormigueros, zacate, piedras, y minúsculos cactus llamados localmente “chinchalotes” que se pegan en el pantalón y atraviesan la mezclilla para enterrarse en tu piel y quedarse ahí a menos que los logres quitar, eso sí, con una pequeña vara (no he visto que alguien lo haya hecho con sus propias manos, madre santa).






A pie y con ritmo moderado, en la vista iba descubriendo cómo el lugar se describe a sí mismo poco a poco, te muestra sus talleres de ónix, muchas piezas rotas o inacabadas en los patios de las casas, enormes montículos de ónix que “ya no se utilizaron”, herramientas, anuncios de ventas, rastros del trabajo, etcétera, y en silencio te va contando poco a poco parte de su historia y su tradición. Cuando por fin me acerqué a la entrada del pueblo me topé con dos o tres anuncios que indicaban algún atractivo del lugar, como manantiales, pasillos o cuevas; pero el que de momento se me hizo más interesante fue el que decía “A las canteras de ónix”. Entré en el desvío, y el desolado rumbo me hizo desacelerar el ya de por sí lento paso, pues aunque la indicación hacía suponer que era de tránsito libre, nunca está de más ser precavido antes de allanar alguna morada.






El sendero poco a poco descubría ante mi paso paredes de tonos entre amarillos y rosas, en cuyos pies emergían rocas que mantenían muchos cortes toscos mostrando zonas traslúcidas blanquizcas, rosadas, cafés, y que tenían (apenas visibles) los trazos de ralladuras que parecen pequeños caminos de distintos tonos. Alcé la vista y vi cómo un hombre trabajaba de manera extrema en una de las paredes de la cantera, aproveché a saludarle y preguntarle con todas las de la ley si podía pasar a observar, y con un tono amable y procurando un volumen de voz adecuado, me dijo que sí.







Seguí entonces con más confianza observando poco a poco este recinto de suelo rojizo y piedra blanca, ese mineral  que muchos vemos pulido y con una etiqueta de precio encima, pero que pocos tienen el privilegio de verle descubrirse desde las entrañas de la tierra. Llegué a un punto en el que estaba un grupo de 3 personas acabando de desayunar, saludé, me saludaron, me ofrecieron un trago de refresco de cola y empezamos a platicar sobre el lugar. Entre detalles propios de la cantera que contaré posteriormente, me comentaron que siguiendo dicho camino había un desvío que llegaba al barranco del cerro, y que dentro de ese cerro estaba la vertiente que tiene nacimiento en un lugar que localmente es conocido como el manantial; vaya Dios a saber si dicho nacimiento de agua es el mismo manantial que minutos antes vi anunciado en un letrero de la carretera por donde llegué, pero entre que pudiera ser o no ser, me aseguraron que había partes muy interesantes para ver y fotografiar, que han llegado muchos interesados con cámaras a conocer sobre esa agua naciente del corazón del cerro que es usada como recurso para la cantera misma e inclusive como riego para las parcelas de algunas personas que tienen sus casas en ciertas partes del cerro.






¿Alguna explicación más era necesaria? Ninguna, y luego de escucharles y agradecer el aliciente a mi boca retomé el camino, pausando de momento la subida a la cantera, y desviándome un poco del itinerario para poder ver un poco más de cerca a este serpenteante riachuelo que esconde discretamente su origen. Empecé a recorrerlo y poco a poco me fui apartando de la parte central de la cantera, lo que también me permitió conocerle desde otro ángulo, siempre siguiendo el sentido contrario del agua.






Había partes que contrastaban con la generalización árida del terreno, las rocas eran de diversos diseños y texturas y el agua mezclaba su presencia entre ser turbia y transparente, con zonas con ningún renacuajo y luego con zonas con poblaciones tremendas de estos pequeños anfibios, sobre todo en esas partes encerradas por enormes piedras que parecían haber sido talladas por el hombre, pero que hacían pensar que lo más seguro era que así fuese su diseño natural.






Bajo la precaución por el previo consejo de evitar ciertas partes que pudieran ser hogar de alguna serpiente, y procurar encontrarme con algún conejo o libre, fui moviéndome lento y afortunadamente no topé con ninguna animal peligroso, a lo mucho me encontré algunos zancudos que fácilmente dispersé con un leve aleteo en mi frente, pero nada más. Pasé por la construcción de una presa y efectivamente pude ver que esta agua es de bastante utilidad para el riego, varias partes de este río han sido ya conectadas con tubos y mangueras para poder trasladar el agua con mayor facilidad.






En la parte más plana del barranco, las paredes tomaban formas grotescas que invitaban a la observación, y el agua, aún siendo transparente en la mayoría de los casos, viajaba y viajaba y no mostraba señales de caer de un lado específico del cerro, entonces caí en la cuenta que cuando los lugareños te dicen “ahí está nomás a unos diez minutos de camino”, la expresión es exclusivamente relativa, porque caminas y caminas y simplemente no encuentras el origen, y cada vez más se hace más difícil continuar la travesía por efecto de irregularidades que contienen rocas, plantas espinosas, o la intensidad de la energía solar.






Pero se agradece la caminata, y uno de los mejores alicientes para motivarla es precisamente el encontrarse con paisajes contrastantes entre la aridez y el color verde de la vegetación que hacen de tu andar algo variable, pues de repente estas en medio de piedras y naturaleza muerta, y luego en medio de un paso fresco de río; a grandes rasgos, te topas con diversos pequeños oasis que fortalecen tu búsqueda y deleitan tus ojos apenas has avanzado unos cuantos metros. 







Cuando por fin entendí que concluir representaría la inversión de mucho más tiempo que el diseñado, opté por regresar sobre mis pasos, y entonces conocí el mismo paisaje pero visto desde otra perspectiva, y era tan diferente que causó el mismo efecto de asombro que cuando empecé a andar sobre el riachuelo, con la única diferencia que ahora sabía que al llegar al final del camino me esperaba encontrarme con la tan ansiada cantera...


Pero de eso, ya les contaré a detalle...

Con gusto, les comparto la galería:

:: Rumbo a Tehuacán ::

Etiquetas: [Fotografías]  [Lugares]  [Paisajes]  [Puebla]  [Turismo]  [Viajes]  
Fecha Publicación: 2014-03-23T23:06:00.000-06:00



Sábado 28 de diciembre, 2014. El asiento vacío y disponible en el auto me hizo abordarlo con la misma seguridad de quien piensa que no hay que desaprovechar la oportunidad (siempre que no haya inconveniente). El destino sería llegar la ciudad de Tehuacán para hacerse de algunas cosas y brevemente pasear en son de hermanos y sobrinos. “Bueno, si no es impertinente, puedo apelar entonces a que me dejen ir del lado de la ventanilla para capturar alguna escena”—Pensé yo—. A lo que con gusto me permitieron hacerlo.







No se trataba precisamente de hacer paradas intermedias, pero logré una que fue de común acuerdo, y sólo eso. Es en ese punto en la carretera ya en el lado de Puebla, antes de llegar a San Antonio Texcala. Ahí en donde se pronuncia una recta de varias decenas de metros y donde a cada lado se mantienen rastros (a la fecha del post, claro) de campos de cultivo de trigo; sí, trigo, tan seguro estoy como que arranqué una espiga de entre el matorral para identificar esa simetría en su diseño, y no conforme con ello, le despojé un grano para degustar ese campirano sabor del cereal.







Y no es que me haya detenido por el trigo, porque en realidad supe que era trigo hasta que me adentré en el matorral. Me detuve porque ese punto en concreto deja ver con mucha claridad al volcán Citlaltépetl (Pico de Orizaba) en la lejanía, haciendo que su posición central en el horizonte de esta parte de Puebla le favorezca para hacer magníficas postales, más si se cuenta con un cielo semi despejado con nubes que no tapen su forma sobresaliente.






Pero no toda la atención la lleva la majestuosidad indudable del Pico de Orizaba, que está a varios kilómetros de distancia; también en las inmediaciones del rumbo carretero que traza este camino se pueden observar algunos cerros, barrancos, llanos y declives que resaltan por su vegetación extrema de órganos cactáceos y el color de sus suelos, sobre todo en este tramo de Zapotitlán y San Antonio Texcala; que no es por hacer menos a las demás zonas que también tienen lo mismo pero por alguna razón pareciera notarse menos (quizá efecto mismo de la orografía).








Todo es cosa de apuntar bien con la mirada para descubrir que, en efecto, los paisajes son variopintos y cada uno en su composición llega a extremar belleza y armonía; Eso, considerando que vayas en automóvil y rápidamente deban saltar tus ojos de uno a otro; que de no ser así e ir a pie seguramente te detendrías en cualquiera de ellos para respirarlo con la vista y esperar el momento oportuno (de un amanecer, un ocaso, un cielo estrellado, el avistamiento de la vía láctea, o una tarde con cientos de nubes o decenas de aves) para dejar que muestre el punto supremo de su estética con una de sus caras, siempre con la sapiencia de que... Si bien seguirá siendo el mismo paisaje, no te parecerá igual al verlo por segunda ocasión...


Con gusto, te comparto la galería:

:: En la acostada de los choferes ::

Etiquetas: [Anécdotas]  [Chazumba]  [Creencias]  [Culturas]  [Eventos]  [Fiestas]  [Fotografías]  [Gente]  [Interesante]  [Lugares]  [Tradiciones]  [Turismo]  [Viajes]  
Fecha Publicación: 2014-03-16T14:40:00.000-06:00


Viernes, 27 de diciembre, 2014. Venus ya se iba a ir a dormir, o cuando menos se perdería en el horizonte y haría quién sabe qué cosas pues ya no le veríamos más durante la noche; con los últimos rayos del sol, y en un tono azulado, se fue sin decir Adiós. ¿Qué hacer en su ausencia? Principalmente, dada la fecha, esperar a que los sonidos de las campanas llamasen a la acostada de los choferes, que viene siendo de las más grandes y espléndidas que se realizan (ojo, que estas fiestas siempre han sido realizadas pensando en todo el pueblo, nada de "nomás unos cuántos invitados y ya", es por eso que guardan especial importancia en la historia de la villa. Bien, continuemos...)


 

A todo esto, por si hubiera alguien que no supiere, apenas comento sin profundizar mucho, que una acostada es una celebración que se realiza posterior a la navidad; es decir, que aquí en el pueblo, se llevan a cabo primeramente ycada noche, las “posadas”, desde antes del 24 de diciembre (creo que por ahí del 18 o 19); y que una vez pasada la navidad, llegan las acostadas (que es cuando el niño ya ha nacido), siendo la ceremonia algo diferente en cuanto a que en las primeras se pasea a José y María en la peregrinación del pueblo, mientras que en las segundas se va a colocar y a contemplar al niño en el nacimiento.




Hasta donde entiendo, al día de hoy perduran cuatro acostadas grandes: La de la iglesia, la de la juventud, la del mercado y la de los choferes; cada una encargada a cierto mayordomo que verá por que la tradicional fiesta se lleve a cabo y se mantenga viva la flama de la celebración. En esta ocasión presenciamos la de los choferes, que es, hasta donde he llegado a enterarme, la más grande de todas.




Los cuetones, con sus explosiones características y el rastro de luces que dejaban a su paso, me indicaban que ya se estaba llevando a cabo la misa; el interior de la iglesia estaba lleno, no conseguí entrar para atestiguar la ceremonia, así que me quedé afuera esperando la procesión. Una vez salida la gente, se empezaron a repartir silbatos, cuetes, luces de bengala, velitas y quién sabe cuánta cosa más para acompañar los cánticos pertinentes. Toda la gente íbamos caminando por las calles principales, rodeando un poco la cuadra en donde estaba la casa con el nacimiento dispuesto a que se dejara ahí el niño. 




Por su parte, la casa que alojaría al niño también nos indicaba, mediante cuetones, que estaba ya lista para recibir a la procesión; el paso era lento, la gente se unía en cada punto y unos pocos más -generalmente niños- se quedaban rezagados para lanzar su cuetitos, y luego se unirían nuevamente a la procesión. Esta marcha se detenía cada cierto tiempo para llevar a cabo el correteo del famoso “torito”, que es de los elementos que pueden llegar a diferenciar lo colorido de una acostada a otra, así como también el lanzamiento de fuegos pirotécnicos que sean de muchos colores y lleguen a expandirse en el cielo en grandes formas de flores o ramilletes.





Después de cerca de tres paradas para el correteo del “torito”, llegamos por fin a la casa del mayordomo; para entonces ya había más gente esperándonos (aquellos que no se unen a la procesión y prefieren tomar atajos hacia la casa, y que por supuesto también son bienvenidos) y otros más se iban uniendo poco apoco al escuchar el bullicio de la gente conforme los cantos y bailes de los pastorcitos iban presentándose afuera de la casa. Cuando terminan los pastores de danzar y cantar, pasan a recitar rimas al niño que ya ha sido acostado; para esto, el conjunto musical apoya con el sonido mientras que los anfitriones empiezan a repartir a toda la gente: Café, ponche, traguito, tamales, o bien, algún platillo especial dada la ocasión que lo amerita (por ejemplo: Pollo enchilado con frijolitos y pan, sopa de coditos y salsa verde). 




A los niños, simultáneamente se les forma en filas para darles aguinaldo, y después se les avisa que a cierta distancia de la casa se llevará a cabo la partición de la piñata, por lo que inmediatamente toman su aguinaldo y se amontonan para aventarse cada que una piñata se quiebra, y así procurar juntar la mayor cantidad posible de dulces, aunque uno que otro a veces prefiere tomar un fragmento de la piñata y salir corriendo delante de los que lo corretean para quitársela. Y mientas esto sucede, siguen quemando cuetes, silbando con los silbatos, cantando, adorando al niño, sirviendo a los presentes, y dando paso al interior de la casa a los invitados especiales, que será servidos en una mesa de honor con la misma esplendidez que a los de afuera; en fin, todo un mundo de actividad del que rara vez puedes caminar en su interior porque apenas todos pueden moverse.





Un par de horas después, cuando la parte central del festejo se ha calmado, cuando los aguinaldos se han dado, cuando las piñatas se han desintegrado y cuando el frío ha hecho que muchos regresen a casa llenos de bebidas y platillos, se quedan los que esperan a que empiece el sonido para dar rienda suelta al bailongo; y así seguir hasta la madrugada bailando en medio de la temperatura que cada vez va bajando más y va importando menos, al cabo, se trata de una acostada de niño y hay que disfrutarla lo más que se pueda.




Por eso, las acostadas son de las celebraciones que más se esperan en la época decembrina, sobre todo en la semana de navidad; ya que aún representa lo vivo de la tradición del pueblo y la presencia del fervor religioso; no es que sean mejores que las posadas, simplemente las complementan. Y esa noche, así, como cada año en cada acostada, el niño reposa en dos nacimientos: En el nacimiento de la casa del mayordomo y el de la iglesia...

  
Con gusto, te comparto la galería:

:: El sabino del manantial de Atzumba ::

Etiquetas: [Anécdotas]  [Atecoxco]  [Aventuras]  [Chazumba]  [Fotografías]  [Interesante]  [Lugares]  [Oaxaca]  [Puebla]  [San Pedro Atzumba]  [Turismo]  [Viajes]  
Fecha Publicación: 2014-03-13T23:32:00.000-06:00



Miércoles, 25 de diciembre, 2014. El día hacía buena ocasión para aprovechar a salir un rato; con un ligero desayuno tardío y con un viento agradable, ese mediodía de navidad la carretera nos guiñaba el ojo para transitarla más allá de lo que la vista podía alcanzar hacia el Este. Entonces salimos, en pequeña caravana compuesta por una motocicleta y un auto, rumbo a las tierras poblanas donde se encuentra San Pedro Atzumba y también hacia más allá, por Atecoxco. Son caminos conocidos ya con anterioridad, pero que no por eso se les subestima, no señor, comprobemos que pese a ser los mismos caminos y mismos lugares, pueden ofrecernos cosas diferentes en cada ocasión.






Llegamos a San Pedro Atzumba para admirar su grandeza silenciosa desde el atrio de la iglesia, mantuvimos presencia por no más de una hora cuando retomamos camino en carretera; apenas avanzadas un par de curvas desde la salida del pueblo nos detuvimos en un establecimiento de mantenimiento automotriz a recargar el tanque de gasolina; y mientras esperábamos a que la maniobra se llevara a cabo, bajamos a caminar por un camino próximo de terracería que nos conducía tal como nos habían mencionado los señores del negocio, hacia ese lugar al que conocen localmente como “El manantial”. Según entiendo, se le nombra así a una parte específica del cerro del que brota el agua que alimenta al río de esta zona, y que goza de unas vistas panorámicas increíbles; aunque también entiendo que se le llama de la misma forma a esta parte del pueblo. Para llegar hasta el principal punto de interés, que es el nacimiento acuífero, se invierten varios minutos de caminata, por lo que sólo paseamos un poco en las cercanías del camino en lo que la gasolina era cargada.






De repente, rompimos el rumbo y doblamos a la izquierda, allá en donde una pequeña zona de enormes follajes robó nuestra atención; se trata ni más ni menos que de un conjunto arbóreo que no llega ni a la decena de grandes ejemplares de sabinos, pero que no por ser un área pequeña debe suponerse como ajena de encerrar un encanto de esos que simplemente no se pueden dejar pasar.






Es un secreto a voces, escondido y muy arraigado, tan normal y apegado a la comunidad que hasta cae en lo común y cotidiano para ellos, pero que a nosotros nos dejó boquiabiertos. Para empezar, son pocos árboles y muy grades, longevos, con más de (creo yo, dadas sus proporciones) uno, dos o tres siglos edad (sí, que no son unos criaturitas) que hacen recordar en la primera visita a aquellos inmensos ahuehuetes de Santa María del Tule (quizá porque parecen ser de la misma especie o por la tan familiar textura que los envuelve); y por menores que parezcan ante sus homólogos Oaxaqueños, éstos, los Poblanos, siguen siendo también enormes; tan enormes que estando cerca de ellos se debe alzar la vista para contemplarlos en su totalidad.







Me di cuenta que, una vez agudizada la vista, se comprueba que aquel ubicado en medio de los demás árboles tiene ciertas características que lo hacen destacar sobremanera; para empezar, a primera vista el suelo se había desprendido ya de sus faldas dejando las raíces expuestas pero firmes, y haciendo volar la imaginación al verlas desde diversos ángulos: Parecían sujetarse a la tierra como decenas de manos con dedos violentos pero al mismo tiempo parecían ejercer fuerza para rasgarla en un intento fallido de liberación. Y en sus formas abstractas, decenas de animales y seres amorfos luchaban entre sí por alcanzar la mayor cantidad de viento posible.







Su altura es mayor que la de los demás sabinos, y las formas de sus ramas son mucho más irregulares también, inclusive hasta en las puntas, donde se puede oler un aroma muy similar al pino, aunque mucho más suave. La imaginación jugaba con formas de cabezas de venado, serpientes, peces, hombres atrapados y rostros gritando. Al rodearlo se daba uno cuenta que había mucho más; por ejemplo, esa cueva bastante amplia debajo del mismo árbol y cuyas paredes eran los mismos pies del árbol convertidos en raíces entrelazadas que han soportado a lo largo de los años el peso del sabino, guardando adentro varias estructuras: Desde las propias de una raíz, tanto lisas como rugosas, hasta aquellas raras y opacas “estalactitas” formadas por el arduo trabajo de las termitas que han visto alimento y alojo ahí por quién sabe cuántos años.






¿Cómo se formó esto? ¿Qué sucedió para que las raíces y la tierra se separaran y se formara este soporte de múltiples pies y esta particular cueva? ¿Y no solo eso, si no la entrada con forma de campana a un costado del árbol? ¿Cuánto tiempo le llevo a la naturaleza formar este fuerte? ¿Por qué no se ha caído el árbol? ¿Tan fuerte han sido las raíces? Todas estas y más preguntas sin aparente respuesta inmediata vienen a tu retórica, más cuando observas que hay otro árbol cerca de éste, casi igual de enorme, pero tirado y aún vivo, formando una especie de puente sobre el riachuelo; y comparas a los dos intentando encontrar las circunstancias que los expliquen, pero te frustras con no conseguir respuestas.






Bajas para apreciar mejor el puente natural y también para ver desde otro ángulo al anterior árbol y te topas con mucho más raíces que las que ya has visto, y este conjunto está al descubierto como una enorme fogata con formas de zorros, felinos y dragones que se ha convertido en la piedra angular del sabino. Y de nuevo las formas grotescas te atacan la vista, y te intimidan el aliento, y nuevamente no dejas de ver todo eso. Es imposible calcular la cantidad de hilos que forman este sistema natural de agarre, de protección. Es como si la parte inferior del árbol hubiera surgido del caos de la cabellera pétrea de la mitológica Medusa.







Pese a su estado estacionario, el árbol expresa movimiento, delata la intención eterna de correr o de volar, y se acentúa con el paso intenso del viento a través de sus ramas y sus hojas, moviéndolas con demencia y levantando polvo a los pies del árbol y provocando un sonido tétrico en el interior de la cueva que el árbol se ha formado a lo largo de su vida. 







Es enigmático, esotérico y grotescamente imponente; pero no por eso deja de ser bello y sutil; al final de cuentas, es una obra de la naturaleza que ha perdurado por varias de nuestras generaciones para demostrar que al final ha superado incontables calamidades, y que aún le queda mucho tiempo más para estar presente, o al menos eso espero.







Cuando ya era momento, seguimos en la marcha, despedimos a los sabinos y nos sumergimos en los paisajes carreteros  que nos regalaba la tarde; y al llegar a Atecoxco habíamos trazado ya la línea del viaje; estuvimos poco tiempo, el suficiente para descansar un rato y sentir el frío de la altura de este poblado. Un goteo en el auto y la picardía traviesa de una pequeña manguera hizo que el regreso fuera algo lento y pausado, pero afortunadamente pudimos regresar a casa sin mayores contratiempos. 







Las nubes viajantes a varios kilómetros por hora nos indicaban que el ocaso ya estaba próximo, por lo que cuando llegamos, aún tuvimos la oportunidad de gozar los últimos momentos de luz del día... Y así, sellar este pequeño viaje en las páginas de la memoria...



Con gusto, te comparto la galería:

:: Hacia el terruño ::

Etiquetas: [Anécdotas]  [Aventuras]  [Chazumba]  [Fotografías]  [Lugares]  [Oaxaca]  [Recuerdos]  [Reflexiones]  [Tradiciones]  [Turismo]  [Viajes]  
Fecha Publicación: 2014-03-01T13:10:00.000-06:00



Sábado, 21 de Diciembre de 2013. Las horas no habían sido del todo invertidas en dormir, no pude; el trabajo que representa intentar dormirse pese a las luces, las escalas, las curvas y las terminales, cansa; pero no da sueño (por lo menos para mí que soy muy difícil de dormir en asientos de bus). Y llegó el momento en que caí en un sueño profundo (sólo porque no podía hacer otra cosa ahí sentado) antes de despertar con ese amanecer que poco a poco iba mostrando las texturas y los colores de gran parte del paisaje encontrado en las afueras inmediatas de la ciudad de Oaxaca.






 
El sudor de las ventanas hacía pensar que no solamente estaba frío adentro; era evidente que la neblina, que a escasos centímetros del suelo se levantaba, tenía un porqué; además, afuera los pobladores vestían prendas abrigadoras y los sombreros eran sujetados en algunos momentos con ambas manos mientras los dueños caminaban en los senderos del vecindario; y los rayos del Sol, pese a ser aún de tenue luminosidad, daban para mostrar tales evidencias. 






En pocos minutos llegaría a descender del autobús para sentir el suelo y el clima Oaxaqueño, y de ahí, tomar camino hacia la villa. Me di cuenta entonces que no hacía tanto frío realmente, que fue sólo en el momento del amanecer en que la temperatura era bastante baja, pero vino el Sol y puso las cosas en su lugar. Y ahora todo estaba mejor, no hacía tanto frío, hacía lo suficiente para disfrutarlo.






Una llegada espontánea, una parada obligada para ir al baño, una tomada de taxi y una llegada al centro histórico; todo eso antecedió antes de estar desayunando un menudo calientito con tortillas a mano y un café en un jarrito de barro dentro del mercado; sí, es inevitable regresar una vez que has caído en sus deliciosas redes. Y ya con barriga llena y el cuerpo energizado, salimos hacia Chazumba, que ya nos esperan. 






Pero claro, que yendo desde la capital, debes pasar primero por Huajuapan y de ahí proseguir hacia el norte; y uno se siente más tranquilo porque ya falta a lo mucho una hora en taxi (hora y media en bus) para vislumbrar la glorieta y su desvío hacia la derecha; porque una vez haciendo esto, se sabe que ya se llegó de una vez por todas a casa.






Los días prosiguieron tranquilos, la mayoría frescos; apenas un par de noches fueron extremadamente frías y con mucho viento, pero nada que sea para no disfrutarse con lo correspondiente: Un ponche, café, tamalitos, y un sinfín de atractivos gastronómicos para aquellos cuyo termómetro vital reside en el estómago. La época navideña se acoplaba de manera estupenda con el clima y la tranquilidad del pueblo, todo desprendía un aroma que se respiraba solemnemente y se disfrutaba a cualquier hora, incluso ese bochorno del calor seco que de vez en cuando se dejaba caer.







Chazumba se siente un poco diferente (o será que he cambiado yo), pero no es como que se haya transformado mucho, permanece su naturaleza íntima y tradicional pero ahora como que lo veo con más detenimiento: Lo contemplo de pies a cabeza y recaigo en que me sigue encantando tanto como siempre, no disminuye su capacidad de asombrarme y darme toques de complacencia; es un lugar travieso, de repente te azota con frío, calor, o viento; y de un momento a otro puede que te arrebate decenas de sonrisas pese a que los dientes puedan estarte temblando.







Admiré desde los escenarios más pequeños y escondidos, pasando por la calma del día a día del lugar, hasta los espectáculos grotescos (pero sublimes) que envolvían el horizonte mientras los cielos se tornaban nostálgicos; presencié la vastedad de lo simple convertido en maravilla, y de lo inmenso dentro de una gota de tiempo. A manera general, eso sucedió, tan simple como se escucha y tan extenso como se pueda imaginar...







Y hablando de cosas en específico, de ocasiones concretas, diré que conocí nuevas caras del paisaje y de la zona, encontré historias sumergidas en las manos de los hombres y en el tono de sus palabras (por mencionar apenas un par de ejemplos). Pero, tranquilo hombre, que contaré todo según mi memoria me lo proporcione, procurando mantener ese toque de aventura que tan ciertamente experimenté en cada ocasión y en cada lugar... Ya desmenuzaré las idas y los regresos, los días y las noches, los pasos y los descansos, para intentar sellarlo en esta bitácora personal que me ha acompañadoa hasta ahora…



Porque ¿Qué somos sin nuestras historias?…

Con gusto, te comparto la galería:

:: Lanzando globos de cantoya ::

Etiquetas: [Anécdotas]  [Chiapas]  [Eventos]  [Fotografías]  [Gente]  [Globos de Cantoya]  [Grupos]  [Lugares]  [Malecón]  [Mochiviajes]  
Fecha Publicación: 2014-02-09T19:31:00.000-06:00



15 de diciembre, 2013. El permiso ya había sido tramitado una semana antes en el puerto, Nahiely y yo habíamos encontrado el lugar ideal para lanzar los globos de cantoya en un acto simbólico por mi cumpleaños número 30; esto sería el complemento al lanzamiento en paracaídas, que por sí mismo había sido ya increíblemente extraordinario, pero entonces el recientemente construido malecón en el puerto de San Benito se apuntaba como escenario para seguir con la esplendidez de ella hacia mí ¡Qué manera tan increíble de sellar un cumpleaños!





 

Cuando le vimos por primera vez supimos que era el lugar, no había duda alguna. Su cercanía con el mar y su ubicación cubriendo a la playa le daban el toque perfecto para el desprendimiento aéreo de estos magníficos globos. De momento, era de tarde ese día, el ocaso apenas aparecía y las olas apenas escandalizaban el panorama, lo que supuso el momento idóneo para diseñar la aventura. Sin embargo, no consideramos que el día programado habría ciertas modificaciones que hicieron que las cosas cambiaran un poco y que no sería tal como ese primer momento…






Para una semana después, cuando llegó el día, nos reunimos en un punto común en Tapachula, y de ahí partimos todos hacia el malecón. Cuando llegamos, el ocaso rayaba sus últimos trazos sobre el horizonte marítimo, y la noche empezó a caer; al estar todos ya ahí, nos dimos cuenta que sería un poco difícil, pues el viento medianamente intenso de la costa parecía impedir que la fase inicial del lanzamiento (es decir, el proceso de calentamiento) pudiera llevarse a cabo de manera rápida debido a que el material se apagaba al instante; encendedores y cerillos no habrían solucionado estas circunstancias. Así que, mediante una lámpara casera a base de gasolina y un trapo dentro de una botella, lográbamos un avance significativo; pero esto era sólo el principio porque debíamos localizarlos en un punto en el que el viento no inclinara demasiado a los globos (el papel corría el riesgo de quemarse), por lo que nos movimos a escasos metros de la orilla del malecón, cubriéndonos por la estructura de una especie de kiosco, para poder maniobrar los globos.






Ahí, empezábamos a hacer las pruebas, y se encendieron los primeros globos; poco a poco íbamos encontrando la forma idónea para encenderlos y de manera progresiva se iban lanzando (pese a que uno que otro se nos quemó, lo cual en cierto modo, fue muy divertido) y aunque el plan había sido lanzar todos al mismo tiempo, las circunstancias lo impidieron bastante; así que se optó por lanzar poco a poco uno por uno, y aún así el espectáculo tomó alcances no previstos. Desde los alrededores se divisaba la calidez de los globos.






Los vehículos en el puerto se detenían a contemplar lo que un grupo de personas estábamos haciendo, admiraban junto con nosotros el momento en que un globo despegaba luego de esperar cerca de tres minutos desde su inicio de encendido; las personas de la localidad gradualmente iban acercándose y en cuestión de minutos el evento dejaba de ser exclusivo de un grupo de personas que lo habían planeado con antelación, para conformarse como todo un suceso en el puerto: Niños, adultos, padres, madres, hijos, amigos, se acercaban a nosotros a preguntar sobre el motivo del lanzamientos de dichos globos y poco a poco se fueron integrando con nosotros y también tuvieron la oportunidad de hacer sus propios lanzamientos. Llegó el punto en el que reunidos ahí, quizás estábamos unas cien personas; todas viendo y degustando el incandescente tono amarillo de los globos de cantoya tanto al inicio como al despegue y en las alturas.







El estacionamiento del malecón de repente se encontraba lleno de vehículos, las fotos por parte de nosotros y por parte de los lugareños no cesaban en realizarse, así como también las grabaciones con celulares y el arribo de vehículos y personas, entonces se convirtió en algo especial a mitad del mes de diciembre, suponiendo para algunos ser esto debido a las fiestas decembrinas o algo parecido; lo que en cierto modo le daba un toque bastante significativo, ya que las luces ascendiendo una tras otra en el cielo asemejaban astros que guiaban las miradas de los presentes.






No hubo entonces limitación ni timidez, todos los residentes locales se acercaban, todos nos preguntaban, todos reían y se emocionaban, a todos nos tocó un trozo de esta ocasión: A la familia de Nahiely, a nuestros amigos y a mis sobrino; y todos nos sentimos muy a gusto porque nadie habría imaginado el alcance tan positivo y solemne de este pequeño evento; y los globos que se lanzaron llegaron a su totalidad, que eran más de 30 debido a que Nahiely compró más de la cuenta por aquello de las “pruebas de lanzamiento”; habrán sido entonces cerca de 45 globos de cantoya que fueron lanzados ese día, culminando con el último lanzamiento: El corazón gigante, que Nahiely y yo lanzamos juntos en un acto de culminación de este hermoso detalle, y que ascendió exitosamente para luego descender sobre el mismísimo cuerpo del mar en un tono misterioso y lento, que si bien tardó volando menos que los demás, fue lo suficiente para ser admirado en su luminiscencia y su forma romántica mientras se mantenía en el aire y mientras el viento, a diferencia de hacerlo con los demás, le llevaba hacia el interior del océano para que pudiera sumergirse en una forma misteriosa y enigmática, como significando una conjunción en un muy íntimo secreto…


A Nahiely, su familia, mis sobrinos y nuestros amigos, sin ellos no habría sido posible...

Con gusto, les comparto la galería:

:: El reposo de las garzas en Suchiate ::

Etiquetas: [Animales]  [Anécdotas]  [Chiapas]  [Cotidianidades]  [Curiosidades]  [Fotografías]  [Lugares]  [Paisajes]  [Suchiate]  
Fecha Publicación: 2014-01-11T02:03:00.000-06:00



16 de noviembre, 2013. Llegué rayando en el tiempo a Suchiate, justo para apenas recibir descripción del lugar al que Nahiely había prometido llevarme, pero del cual apenas me había dado referencias generales. Rondaban cerca de las cuatro de la tarde. Tomamos el transporte y nos bajamos en un punto en las afueras del pueblo, ahí en donde la carretera se encuentra con un camino de terracería que conduce a la dirección del río, pero que se desvía a menos de cien metros desde la carretera, a la izquierda, para alojar un descanso de grandes cajas y vehículos de carga.



 

¿De qué va esto? ¿Tráilers? No entiendo; y por más que entramos al sitio y caminamos cerca de cincuenta metros hacia adentro, las explicaciones no habían llegado. En realidad, minutos después ya no eran tan necesarias, porque empezaban a arribar principalmente desde el lado oeste, las parvadas blancas y silenciosas de garzas, y el día se explicaba visualmente poco a poco. La tarde iba cayendo y con ella se acercaban poco a poco cantidades vastas de aves que planeaban alrededor y de manera directa a las ramas de los árboles; esos árboles contados que habían crecido a las orillas de una pequeñísima laguna que estaba a escasos metros del espacio vehicular, y que por ende, estaba intacta debido al cuerpo de agua que parece estar constante durante todo el año.



 
Los pastos crecían verdes y espesos alrededor, algunos más sobresalían de la inundación en la parte central del espejo de agua; y entre charcos y piedras, los zancudos se notaban en el vuelo como pequeños puntos negros en medio de una estela grisácea cálida de luz. De repente, las aves postradas, con su blancura, se distinguían de las siluetas de las ramas de los árboles al son del ocaso; parecían frutos sedosos crecidos en las puntas de las ramas y en las partes intermedias. No obstante, seguían llegando más y más y entonces ya el sonido de los graznidos aparecían cada vez más intensos, una especie de conversación que bien podría ser una pelea por el espacio para pernoctar, o algún rito onírico natural. Y la luz, siempre en descenso, permitía que la tonalidad de los blancos se cundiera de un brillo entre dorado y rosado del plumaje; el Sol se iba a dormir y dentro de poco las garzas también.




Y no dejaban de llegar, aún con el Sol prácticamente oculto y con los últimos destellos del día aún vigentes; y entre tonos rosas, morados y anaranjados, nos retiramos de ahí poco a poco. Había que dejar descansar tranquilamente a este pequeño ecosistema, así, en medio de graznidos de las garzas, el arrullo del viento, el ruido de la carretera, y el mágico chirrido de los grillos…


A Nahiely, que dio en el clavo al mostrarme este lugar…

Con gusto, te comparto la galería:

:: Sobrevolando Comitán ::

Etiquetas: [Aventura]  [Chiapas]  [Comitán]  [Extremo]  [Fotografías]  [Lugares]  [Paisajes]  [Recomendados]  [Sobrevuelo]  [Turismo]  [Viajes]  
Fecha Publicación: 2013-12-15T08:17:00.001-06:00

Sobrevolando Comitán (01)

(03 de agosto). Cuando caminábamos hacia la zona de capacitación para quitarnos ya los arneses o el traje del salto, la emoción y la sensación de caída y planeación permanecían: aún se sentía la cascada ascendente e invisible de viento veloz alrededor de nuestros cuerpos, aún se sentía la extraña sensación de no tocar ninguna superficie, aún se sentía esa virtual explosión en nuestros pliegues vocales de cuando apenas saltamos y retumbamos la tierra con nuestros gritos; avanzábamos en cámara lenta, la escena típica de los astronautas dirigiéndose al transbordador que dará lucha al meteorito que está a punto de estrellarse con la Tierra (a Nahiely la entrevistó la Radio una vez se iba dirigiendo a quitarse los arneses, lo que le dio un toque de heroísmo al asunto que nos vino a hacer el día sobremanera). Sabíamos que debíamos de esperar unos minutos más ya sea por los videos del salto o para comer y beber por fin algo mientras formábamos parte del público admirador; era finalmente un hecho: Nadie podría contarnos qué se siente estar allá arriba.

Sobrevolando Comitán (03)

Sobrevolando Comitán (04)

Sobrevolando Comitán (05)

Nos habíamos percatado desde el inicio que otro servicio de esta empresa es el de realizar sobrevuelos; nos informamos luego de haber observado que, en efecto, sería el complemento ideal para un salto en paracaídas (esto sí que no estaba planeado, por lo que fue una fortuna poder encontrar lugares), sólo teníamos que aguardar un poco para volver a las alturas: Ya habíamos admirado a Comitán desde arriba y hasta habíamos caído encima de él, pero no nos habíamos dado la oportunidad de apreciarle desde varios ángulos y puntos aéreos con esa paciencia para tomar fotografías y verle tranquilamente; así que lo decidimos, haríamos un sobrevuelo a Comitán para observarle bien, para degustar los detalles de su estructura; ya que cuando caes velozmente pocas oportunidades tienes de hacerlo porque simplemente la vista tiembla por tu inestabilidad corporal que va cayendo o que va planeando, y claro, porque te concentras más en sentir la adrenalina del salto.

Sobrevolando Comitán (06)

Sobrevolando Comitán (08)


Sobrevolando Comitán (12)

Mientras esperábamos nuestro turno comimos, observamos, caminamos, admiramos los sobrevuelos y saltos de otras personas, tomamos fotografías. Solo era cosa de esperar para retornar al terreno de las ovejas de nubes; debíamos ir, era el llamado natural por la aventura y por la sensación de volar, eso o simplemente debíamos regresar allá arriba por nuestros espíritus que seguramente se desprendieron de nosotros al momento de saltar, quedándose flotando sin saber qué hacer y viendo cómo nos alejábamos de inmediato hacia el suelo. Vaya, pobrecillos, hay que ir por ellos que seguramente el frío les ha de estar afectando un poco.

Sobrevolando Comitán (14)

Sobrevolando Comitán (15)

Sobrevolando Comitán (16)

Por fin llegó nuestro turno ¡Alistad cámaras que aquí viene lo bueno, señores! Subimos a la avioneta, nos acomodamos justo al lado de las ventanillas para tener una vista libre, la avioneta comenzó a avanzar y poco a poco fue despegando y segundos después ya estábamos tomando altura para tener a nuestra disposición la bella Comitán desde el cielo. El ascenso gradual nos dio a ver una cara diferente a la que habíamos experimentado horas atrás; como supuse, se apreciaban mejor los detalles de la ciudad y teníamos una perspectiva constante de lo que veíamos; sensacional el momento en que ganábamos altura, un vértigo leve pero emotivo nos hacía apreciarlo en demasía, tanto que volvimos a concluir que esto de andar por los cielos se convierte a la primera oportunidad en un vicio extremo.

Sobrevolando Comitán (22)

Sobrevolando Comitán (23)

Sobrevolando Comitán (27)

Los valles danzan con el cielo y las nubes protagonizan junto con el terreno el paisaje a admirar, a diestra y siniestra se diferenciaban los motivos; por un lado, la zona verde que mantiene a sus anchas vastos territorios que parecieran no estar tan atiborrados de la mancha urbana, por otro, la coexistencia la ciudad con la vegetación privilegiada de Chiapas; y nosotros en medio, con la dicha de poder ver ambas partes al mismo tiempo tanto como deseáramos preferir a cualquiera de las dos escenas; hasta que llegamos a la parte colindante en el que todo era montañas bajas con apenas presencia de la ciudad, y que era atravesada por un río marrón por las lluvias que parecía ser la clave para ubicarse en el mapa.

Sobrevolando Comitán (30)

Sobrevolando Comitán (31)

Sobrevolando Comitán (33)

El piloto nos iba indicando algunos puntos importantes de la ciudad, como el centro, la catedral, el aeródromo; y en un esfuerzo de apreciación pudimos ubicarlos. Pero el paisaje mandaba, nos robaba la atención, sobre todo con esa conjunción de tierra y cielo, conformando el típico paisaje Chiapaneco que quita el aliento. Era como una enorme maqueta con nubes colocadas a propósito para embellecerle, y en medio de ambas, la cordillera de montañas lejanas que tocaban un azul intermedio entre el cielo y la comarca cercana. Volar, el sueño del hombre desde hace cientos de años, sólo realizándolo se entiende un poco más de lo normal el por qué es tan perseguido dicho anhelo.

Sobrevolando Comitán (36)

Sobrevolando Comitán (37)

Sobrevolando Comitán (38)

Poco a poco descendíamos, nos acercábamos ya a la zona de aterrizaje. El sobrevolar Comitán, lejos de aminorarnos las ganas, las encendió aún más, mucho más. Y entonces una experiencia nueva se queda grabada en el alma, esperando el día en que dichas sensaciones se puedan despertar y materializar nuevamente, quizá en el mismo Comitán o quizá en otro lugar; qué importa realmente, y no es que se menosprecie la ubicación o la altura, es simplemente que estando allá arriba, volando, uno siente siempre lo mismo, esa interminable emoción de experimentar el sueño de muchos: El volar y sentirse libre como un ave.

Sobrevolando Comitán (43)

Sobrevolando Comitán (45)

Sobrevolando Comitán (46)

Y cuando por fin bajamos y salimos de la avioneta, la sonrisa siguió por mucho tiempo más, había sido un día, a falta de palabra, perfecto...

Sobrevolando Comitán (48)
A Nahiely, la heroína de esta aventura...

Con gusto, les comparto la galería:

:: Un cumpleaños de altura: Salto en paracaídas ::

Etiquetas: [Aventuras]  [Chiapas]  [Comitán]  [Extremo]  [Fotografías]  [Paisajes]  [Paracaídas]  [Recomendados]  [Turismo]  [Viajes]  [Videos]  
Fecha Publicación: 2013-11-22T20:33:00.004-06:00

Salto en paracaídas (19)

(03 de Agosto). La cita era justo a medio día, que sería la hora grandiosa. Nahiely me había adelantado mi regalo de cumpleaños cuatro meses doce días. Luego de dejar el hotel y abordar un taxi, llegamos por fin al aeródromo “Miguel Alemán” de Comitán, Chiapas. Bajamos y al entrar al aeródromo (carretera Comitán – La Trinitaria frente al entronque a Tzimol) nos topamos con el ambiente en el que ella me celebraría mis 30 años de vida de una manera tan extraordinaria que quedará perpetuado en mi mente, en mi corazón, y en cada célula que compone mi cuerpo: Había programado con anticipación nuestro primer salto en paracaídas, un presente extremo, temerario y maravillosamente inolvidable.

Salto en paracaídas (01)

Salto en paracaídas (03)

Salto en paracaídas (05)

Evitamos tomar desayuno ya sea por la emoción o por lo nervios, y éstos crecieron a cada paso que entrábamos y buscábamos las oficinas para culminar el proceso de registro y abordar nuestro turno de capacitación antes del vuelo. La pista estaba ya ubicada, algunas avionetas estacionadas, las autoridades militares vigilaban cada aspecto de los lanzamientos y la aglomeración se mantenía al tanto de quienes bajaban planeando del cielo y de quienes seguían en la lista de los lanzamientos; y ahí estábamos nosotros, aún viendo el espectáculo desde abajo, mientras las avionetas circulaban los aires a grandes alturas más allá de las esponjosas nubes de ese día despejado. Llegamos al registro, y habiendo leído con detenimiento el contrato, sobre todo la parte de “La empresa no se hace responsable por daños a terceros” –o algo así decía mientras nosotros pensábamos “¡¿Qué cosa?!”– y habiendo preguntado sobre el margen de fallo en los saltos (cuya respuesta fue un satisfactorio 0% de error); firmamos al final de la hoja. Todo estaba listo, era cuestión de esperar…

Salto en paracaídas (07)

Salto en paracaídas (18)

Salto en paracaídas (20)

Nahiely tomó tranquilamente una nieve mientras la espera nos acercaba al momento, yo evité probar bocado; debo ser sincero y confesar que, pese a que pareciera miedo lo que me llenaba, no era otra cosa más que una emoción tan grande que se salía de mi control y se traducía en asombro por todo lo que veía y todo lo que sucedería. De pronto, mientras buscábamos en el cielo las avionetas, no podíamos ver más que sólo puntos (y de vez en cuando una miniatura alada con la ayuda del zoom de la cámara) en medio de un azul intenso despejado; hasta allá arriba se dejaban describir apenas unos pequeñísimos puntos que poco a poco mientras se acercaban a la tierra tomaban forma en coloridos mantos curveados con dos personas abajo: El instructor y el osado novato. Y cada que se acercaban al suelo planetario las vistas de los visitantes no se les despegaban, tanto así que incluso los menos curiosos se acercaban lo más que estuvo permitido para ver a los viajeros del cielo descender y llegar al suelo sin rasguño alguno, pero eso sí, con demasiadas expresiones faciales de un paroxismo aéreo: Uno que dentro de unos momentos habríamos de sentir para culminar seguros de afirmar que dicha actividad es adictiva, de manera que acabaríamos decidiendo hacerlo cuantas veces más se pudiera en la vida.

Salto en paracaídas (21)

Salto en paracaídas (22)

Salto en paracaídas (25)

A cada minuto el espectáculo se repetía; y las emociones no mermaban, al contrario, se aceleraban y el pulso cardiaco provocaba nudos en la garganta, nudos que se preparaban para después convertirse en gritos de emoción y de adrenalina, gritos que deseaban salirse no aquí abajo a nivel del suelo, si no allá arriba a un poco más de 13,000 pies (3.96 Km) de altura. Sí, a casi cuatro kilómetros… Y llegó el momento, pronunciaron nuestros nombres como los siguientes en la lista… ¿Qué hacer? ¿A dónde me voy? ¿Con quién nos acercamos? ¿Declinamos ahora que aún es tiempo? No, hombre, tranquilo, que ya estábamos ahí y por tanto estaba escrito que debíamos hacerlo pese a la aceleración cardiaca y a la incertidumbre por lo que venía. Nos acercaron con los paracaidistas experimentados, mi asesor era Paco, el de Nahiely era Temiz; y apenas nos presentamos entrábamos a la zona de preparación obligatoria antes de abordar la avioneta.

Salto en paracaídas (16)

Salto en paracaídas - Nahiely (02)

Salto en paracaídas - Eduardo (02)

Hay por lo menos 5 puntos y recomendaciones importantes a considerar en los que hay que practicar antes del salto:

1.- En primer lugar, colocarse el arnés para hacer los ejercicios. Antes de abandonar la avioneta debemos colocarnos los lentes; sujetaremos al arnés con ambas manos y los codos pegados al cuerpo, el cuello lo mantendremos hacia atrás para evitar una sacudida por la caída y así mismo las piernas también hacia atrás y con los pies cruzados.

2.- Al saltar, la posición de caída libre será acostada boca abajo, el cuello hacia arriba y los brazos se soltarán del arnés firmes y abiertos en 90°, las piernas se mantendrán estiradas hacia atrás y los pies cruzados; todo el cuerpo rígido y curveado hacia arriba para propiciar una posición aerodinámica que permita caer en armonía sin que el cuerpo sufra modificaciones por el viento y la velocidad, todo con resistencia moderada para que el viento no nos sacuda como espaguetis.

3.- Una vez cayendo, la respiración debe ser a ritmo normal por la nariz, no hay afectación por la velocidad de la caída y no hay necesidad de respirar entrecortadamente. Podrías respirar por la boca, pero los gritos de emoción mantendrán tu garganta ocupada durante toda la caída.

4.- Cuando el paracaídas vaya a abrirse, el instructor te avisará y deberás soltar un poco el cuerpo por la inercia que produce el paracaídas al abrirse. Luego de eso, es pura planeación, puedes quitarte los lentes y admirar el paisaje y ya puedes aflojar tus brazos y piernas ¡Y maravíllate con lo que ves y con lo que sientes, que estás experimentando la increíble sensación de volar!

5.- Antes de hacer contacto con el suelo, deberás mover las piernas como si estuvieras corriendo para poder aterrizar sin problemas y de pie y disminuir poco a poco la velocidad hasta que el paracaídas haya descendido completamente y terminar ileso en el suelo (así lo hizo Nahiely); a menos claro que seas algo pesado y sea más conveniente tanto para el instructor como para ti el impulsarte un poco luego de trotar y caer sentado e interrumpir el avance en el suelo (cosa que sucedió conmigo).

Salto en paracaídas - Nahiely (03)

Salto en paracaídas - Eduardo (03)

Luego de la explicación, esperamos un rato; y todo estaba más que listo. Fui al baño para sacar el miedo, regresé, ya me esperaban los tres, ¡Andando compañeros! Que como dijo Temiz: “Lo peor que les pueda pasar es que les guste” Y no en vano lo dijo, porque tenía toda la razón. Caminamos rumbo a la avioneta, ya estaba preparada, nos aguardaba para separarnos del suelo gradualmente. Subimos, nos vimos uno al otro ¿En serio está sucediendo esto? Vaya que sí, y nos dedicamos a observar cada momento a partir de entrar en la avioneta.

Salto en paracaídas - Nahiely  (04)

Salto en paracaídas - Eduardo  (04)

Nos acomodamos con gran logística para que la avioneta empezara a avanzar, llegados a un punto distante se empezó a elevar, despegamos del suelo y ¡Hacia arriba vamos! Nahiely llevaba el altímetro ¡Madre santa! Que esa cosa al principio no mostraba nada y no nos percatamos entonces. La avioneta se elevaba en un vaivén tranquilo, el sonido del vuelo y la puerta abierta eran compañeros de viaje, nuestras voces se oían perfectamente pese al sonido de los motores, íbamos bromeando y escuchando a los instructores, posando para la cámara y observando el exterior a medida que nos separábamos del suelo y a medida que nos dábamos cuenta de cómo poco a poco la presión iba disminuyendo; además de apreciar cómo entrábamos a la zona donde las nubes dominaban con su forma de borregos aéreos paseando por el cielo en el que ya nos encontrábamos después de escasos minutos de despegar.

Salto en paracaídas - Eduardo (06)

Salto en paracaídas - Eduardo (05)

No recuerdo precisamente el momento en que nos dimos cuenta que ya estábamos a una altura considerable, pero sí recuerdo que además del paisaje blanquiazul a nuestro alrededor y una extensa llanura verde bajo nuestro vuelo de la que se distinguía claramente un charco azul al que allá abajo en el suelo le nombran ni más ni menos que “La Angostura”, el indicador natural de “mucha altura” era el frío. Sí, el frío se intensificaba, llegábamos a frotarnos las manos mientras atravesábamos nubes y mientras a todas direcciones veíamos lejana la superficie del planeta, de repente volteamos a ver al altímetro y… ¡Chispas! ¿Quién movió tanto la manecilla?

Salto en paracaídas - Nahiely (05)

Salto en paracaídas - Eduardo (07)

Salto en paracaídas - Nahiely (06)

“Usted nos avisa Capitán” —se oyó de la voz de uno de los instructores que ya auguraba llegar al punto exacto y propicio para el salto—. “¿Ya, tan rápido? Pero si estamos disfrutando del paisaje, hombre; no hay que ser tan precipitados” —pensaba yo mientras me frotaba las manos y sentía viento y frío cobijarme todo el cuerpo—. Y sí, ya era próximo el momento, dimos las últimas ojeadas al paisaje y Paco y yo nos hicimos al rincón mientras Temiz y Nahiely se acomodaban un poco para ya disponer el salto. “¿Ya? Muy bien, gracias capitán”—Dijo alguien—.  ¡Dios! Ya era el momento, estábamos a la altura requerida y en las condiciones listas para emprender los saltos, Nahiely y yo nos vimos absortos, pues ya había llegado el momento ¿Qué hacer, qué hacer? ¿Decir algo? ¿Pero qué? Y lo único que pudo envolver la expresión de la emoción, la adrenalina, la excitación y lo extremo del momento fue un beso, uno a 13,000 pies de altura (¿Quién más puede presumir algo así?); un beso que nos dimos y que llevaba encerrado consigo miles de palabras y de sentimientos, de expresiones, de gritos silenciosos, de sentimientos de grandeza, jamás de miedo o temor; todo al mismo tiempo encerrado en la duración de un instante de ese beso.

Salto en paracaídas - Nahiely (08)

Salto en paracaídas - Nahiely (09)

Salto en paracaídas - Nahiely (10)

Salto en paracaídas - Nahiely (11)

Salto en paracaídas - Nahiely (14)

En cámara lenta vi separarse de mi rostro el suyo, Nahiely y Temiz se acomodaron, se prepararon despidiéndose de nosotros, tomaron posición a la orilla de la puerta y entre un choque de viento en sus cuerpos apenas pude percibir el instante en que ¡Desapareció de mi vista! Sí, ni siquiera pude ver la caída o la posición esa curvada que nos dijeron, literalmente desapareció, y en menos de un instante Paco me tomó y dijo: “Ahora nosotros”. ¿Qué? ¿Ah? ¿Qué pasa? ¿Cómo? ¡Es verdad, también yo iba a hacerlo! ¿Pero por qué no logro comprenderlo? Todo estaba pasando tan rápido que mis pensamientos apenas estaban evaluando la realidad de la situación, cuando me di cuenta que estábamos ya en el borde de la puerta de la avioneta. “¡Estamos listoooos!”— Gritó Paco para darme señal que ya saltaríamos, pero todo estaba pasando tan rápido que mi mente dejó a un lado lo que estaba pensando escasos instantes atrás para detenerse un momento y apreciar el paisaje a nuestros pies: era Comitán desde la altura; y en micro segundos me posicioné tal como pude recordar en la capacitación y me dejé caer tal como había dicho Paco, y nuestros pies se despegaron de la avioneta para caer hacia la Tierra, a una velocidad tal que ¡Apenas podía escuchar mi propio grito de emoción! ¡Increíble!

Salto en paracaídas - Eduardo (08)

Salto en paracaídas - Eduardo (09)

Salto en paracaídas - Eduardo (10)

Salto en paracaídas - Eduardo (13)

Salto en paracaídas - Eduardo (19)

El salto inició con un giro hacia adelante, ¡Vi rápidamente cómo cambió lo que veía “abajo”! Pues en un principio era ese valle verde e instantes después era el horizonte, y luego veía todo azul, y por fin nuevamente el valle, ¡Dios, tan rápido hemos dado la vuelta y ni siquiera me dio tiempo de sentir el vértigo! ¿Qué sigue ahora? ¡Claro, caer a toda velocidad! ¡Ahhhhhhhhhhhhh Gerónimooooooooooo! Y era fabuloso ¡Increíblemente grandioso! No se siente vértigo en absoluto, nada; sólo se siente el viento alrededor de tu cuerpo a toda velocidad y ni siquiera golpeando fuerte o dificultándote la respiración, no, nada de eso. Gritar es inevitable y altamente recomendado, es la forma de expresar tu emoción resuelta a su máxima expresión, y mientras gritas, caes, y mientras todo eso pasa, respiras sin dificultad, y ves hacia abajo y a los lados, y te asombras de la belleza de la vista, no puedes creer que sea tan maravilloso ¡Y vuelves a gritar aún más fuerte! Y el viento infla tus mejillas tanto como puedan desprenderse de tus encías, y no importa, porque no duele ni arde, al contrario, se siente genial morder ese viento frío y veloz mientras caes, mientras observas el paisaje, mientras sientes todo menos miedo, mientras tu cuerpo aún no se hace a la idea de que está experimentando por primera vez la sensación de volar, y es mágico, es único, es sensacional, ¡Es chingonsísimo! y quieres que jamás termine.

Salto en paracaídas - Nahiely (19)

Salto en paracaídas - Nahiely (23)

Salto en paracaídas - Nahiely (25)

Salto en paracaídas - Nahiely (29)

Salto en paracaídas - Eduardo (26)

Salto en paracaídas - Eduardo (33)

Salto en paracaídas - Eduardo (36)

Salto en paracaídas - Eduardo (37)

Pero no pasa ni medio minuto cuando el paracaídas debe abrirse, y se abre, dándote un jalón un poco fuerte pero compensándote de inmediato con la tranquilidad de una planeación tranquila, sin más que el silencio de la música del cielo con esas notas musicales llamadas nubes escritas sobre la partitura del paisaje y al compás del deslizamiento en el aire. Es diferente a saltar de la avioneta, pero es igual de maravilloso. Y sientes cómo lentamente vas acercándote al suelo aunque el paisaje pareciera no cambiar de proporción, lo sientes porque ahora que no estás cayendo, si no planeando; tu percepción del vértigo se hace un poco notable cuando dibujas una curva en el paracaídas para retomar la dirección hacia la zona de aterrizaje. Extiendes los brazos, aleteas, juegas, observas todo con más calma, analizas el momento, disfrutas la vista y la sensación de volar lento, de acercarte a la superficie del planeta lentamente después de haberte lanzado en un impulso emotivo de adrenalina, te sientes feliz.